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EL DIARIO DE

UN POLIT-ECO TURISTA

UN HUMILDE HOMENAJE A

MAMA TUNGURAHUA

Y SU GENTE

By

Kashyapa A. S. Yapa

Mama Tungurahua esta enojada.

Esta calientísima de verdad;

echando fuego, literalmente.

Cortesia de: El Diario Hoy

Ha sido fumadora siempre. Desde que la vi por primera vez en 1996, y aún desde mucho antes. Esas columnas de humo -que salía de vez en cuando, no nos molestaban. Nadie se quejaba realmente, por tener que limpiar, en las mañanas, una capa fina de ceniza en los parabrisas o en el patio de la casa. Eso te recordaba que tu ambiente esta vivo.

En los Andes Centrales del Ecuador, la gente se acostumbró a pegar a su ventana para ver 'si se esta fumando la Mama hoy.'

Y de repente, en 1999, la Mama Tungurahua se enloqueció. Tremendamente. Y se explotó: mandando espesas nubes oscuras kilómetros por arriba, cubriendo todo el cielo del Ecuador; haciendo llover guijarros candentes sobre su gente de la vecindad; y derramando por su boca cascadas de lava que corría por las quebradas hasta el río.

¿Quién le provocó? Tal vez, ¿era 'El Loco' Abdala (Bucaram), con su lengua sucia, sus 'bailes de vientre' en público, y su robo salvaje de los escasos recursos gubernamentales? ¿O era el Jamil (Mahuad) con su saqueo clásico de los ahorros de la gente a través de sus amigos banqueros? También puede ser que todos nosotros tenemos la culpa, por sentenciar nuestro querido Sucre a una muerte humillante frente al billete gringo, simplemente por ignorancia e apatía.

Los vecinos de 'Mama' estaban apurados, no a buscar los culpables, sino a escapar de su furia. Dejaron en abandono cientos de hectáreas de manzanas, de maíz y de papas, y perdieron miles de vacas, chanchos y gallinas.
Cortesia de: El Diario Hoy

Aparecieron los políticos, ofreciendo ayuda por toneladas, en palabras muchas. Y eran los primeros en desaparecer, apenas se calmaba la 'Mama.' Algunos meses después, volvieron fatigosamente a las que fueron sus casas los damnificados, unos por valentía y otros por carencia.

Les esperaba un panorama triste. Los techos se han caído por la capa pesada de ceniza. Los manzanos, los que sobrevivieron, apenas contaban con sus troncos. Nada de maíz, ni papas, ni el pasto para los animales. Igual, porque los animales tampoco se salvaron. Muchos caseríos se quedaron en la oscuridad y sin agua potable.

Y la arteria vial para los pueblos, la carretera entre Riobamba y Baños, fue cortada en no menos de catorce puntos por cañones profundos.

La situación era desesperante, casi. Sí, casi, porque conocían, por experiencia, que la Mama Tungurahua sabe devolver todo lo que llevó, y más. Así, empezaron a reconstruir sus vidas desde cero, confiados en la generosidad de la 'Mama.'

Cuando el partido político indígena, Pachakutik, asumió el poder en el gobierno provincial de Chimborazo en enero de 2005, los pueblos afectados por la erupción volcánica, aún estaban luchando para reestablecer el mínimo de sus servicios básicos. La energía y agua llegaban sólo esporádicamente. Las escuelas y los centros de salud no han logrado aún los niveles de servicio antes de la erupción. La producción agrícola sí superó las expectativas: la ceniza, cargada de los minerales, apoyado por el sol y la lluvia abundante, hizo llenar el campo con manzanas dulcísimas, maíces abultados y papas grandotas, que sin embargo, se pudre en el mismo campo, porque no había mercado. Las autoridades, todas, cantaban el mismo canto: que no hay acceso seguro.

Eso sí, sin el acceso no habrá el progreso. Cantidades de recursos que hasta entonces habían gastado -tal vez con buenas intenciones, para cruzar la docena de cañones 30 a 50m de profundidad, han sido echados, literalmente, a un pozo sin fondo; ningún cruce duró más allá de la próxima lluvia. Intenciones buenas, pero sin observación, sin contemplación. Las quebradas bajan del coloso de 5000m de altura hasta la autopista ubicada a 1800m sobre el nivel del mar, en menos de 5km. A esta caída casi vertical, sumando las capas profundas sin-compactar de la ceniza volcánica, resulta una bomba de tiempo: un flujo velocísimo y sumamente erosivo, cuando llueve. El que intenta restringir o desviar ese flujo, sólo invita problemas. Viendo batallones de ingenieros fracasan en sus intentos de reparar la carretera, y sintiendo el miedo de quedar atrapado sin salida en otra emergencia, los campesinos ingeniaban, con su sentido común. Abandonando las cruces por el eje vial de las quebradas de hasta 50m de largo, ellos se desviaron hacia la quebrada arriba, buscando una garganta estable, y lograron cruzar la garganta de 15 a 20m de ancho, con puentes caseros de madera: tablas clavadas sobre una serie de troncos de eucalipto. Así, sin esperar a las autoridades, superaron todas las quebradas por esfuerzos propios, unidos y bien coordinados, para que por lo menos una camioneta pueda pasar el tramo destruido de la autopista.

Sin embargo, pocos, salvo los valientes pobladores, atrevieran hacerlo; mucho menos, con una carga.

Apenas asumido el poder, Mariano Curicama, el Jefe del Gobierno Provincial, me encargó la tarea de facilitar un paso seguro entre Riobamba y Baños.

Después de algunas reuniones con la gente afectada y unas visitas a los sitios, inclusive no pocos cruces escalofriantes por tablas que bailaban sobre abismos de 30 metros, presentamos un plan que contenía algunas etapas.
En esa época, Mama Tungurahua había resumida su comportamiento normal, con unas fumaditas ocasionales. Pero, uno nunca sabe. No entraría yo a la zona sin una ruta de evacuación de emergencia, para el pueblo y para mis trabajadores.
Por el otro lado del río, un camino antiguo había sido ampliado y alargado, recientemente, hasta el límite provincial, sin embargo, una loma de roca dura bloqueaba el acceso al puente del río que quedaba en la provincia vecina.
Negociando horas y horas y gastando montones de papel por un convenio entre los dos gobiernos provinciales y dos municipios más, logramos romper la roca con nuestra maquinaria, trabajando fuera de nuestro territorio, usando combustible ajena.
Para la reconstrucción de los 7km de la autopista, apenas podía exprimir el presupuesto provincial por unos 50,000 dólares, lo que no alcanzaría ¡ni para un solo puente!

Por otro lado, yo contaba con más de una docena de tractores y excavadores y una media docena de volquetes. Las quebradas que cortaban la autopista estaban llenas de grandes piedras caídas de la montaña. De la orilla del río uno podía procurar cualquier cantidad de cantos rodados. Más que todo, teníamos disponible ejércitos de gente: los que veían en Mariano, otro campesino como ellos, la última esperanza para progresar. Tejimos todos estos a un plan que seguía la solución casera de la misma gente. Decidimos mejorar los desvíos hacia las gargantas, y en vez de puentes, diseñamos badenes cuidadosamente colocados al nivel del piso de las quebradas, reforzados contra la erosión por piedras y gaviones de cantos rodados.

Con la reconstrucción, la autopista atraerá cantidades de turistas y permitirá ahorrar mucho tiempo y combustible comparando con la ruta alternativa. Por lo tanto, yo quería facilitar el paso a los pasajeros, aunque sea un poco incómodo. Calculaba yo que el clamor popular y la consecuente presión política harán aflojar los fondos del Gobierno Central para mejorar las condiciones de la vía. No tuve que esperar tanto tiempo: la simple noticia de que íbamos a abrir la autopista se levanto bastante polvo en todas partes, especialmente, en los otros gobiernos locales, y todos querían participar, para llevar el crédito.

Así, contamos con tanta maquinaria en el trabajo que jamás imaginábamos y lo arrancamos en varios frentes. Otra noticia, de que un puente grande por la ruta alternativa iban a cerrar para reparar, significaba que ¡nuestra vía tendrá que facilitar el paso a tractor-mulas, y pronto!
'Mama' nos recibió en el primer día de trabajo con una llovizna de asentar el polvo. Esa, sin embargo, trajo memorias trágicas, cuando, unos meses atrás, una avalancha de lodo, aflojada por una tormenta por arriba en el pico, cargó y sepultó un tractor con su operador que trabajaba en la vía. No obstante, seguimos adelante, cruzando una quebrada tras otra. La gente de Mama Tungurahua, viendo su sueño se acerca a la realidad, encontraron formas de incentivarnos: nos traían al campo a veces dos o tres desayunos; uno me invitó a su galpón de ponederas para regalarnos algunas docenas de huevos; otros, volviendo de la ciudad cargado de panes y sodas para su familia, los repartían entre nosotros, regresando a la casa manos vacías, pero corazón contento.
Mis trabajadores, muchos oriundos del campo, viendo el entusiasmo de la gente, empujaban adelante a velocidades increíbles para una institución pública. Muy adelantados a la programación, estábamos apenas a dos días de llegar al último pueblo de la Provincia, cuando ocurrió la tragedia.

'Mama' nos hizo un tirón de oreja: tal vez, nos quería castigar por no hacer el trabajo bien, y ¡qué castigo era!

Un día de tempestad cargó casi todas las quebradas con avalanchas de lodo, que llevaron nuestros badenes, rellenados con puro entusiasmo y compactados al apuro.
Y para enseñarnos que la vida no se debe tomar al ligero, 'Mama' nos cogió de pura sorpresa: el río furioso, cargado al tope con troncos, piedras y lodo, comió toda la noche el acceso de un puente permanente, uno de los mejores y el más seguro (pensábamos) de la autopista, y ¡casi se lo llevó!
Tuve que comenzar desde cero. Peor, desde lo negativo, porque los políticos 'contrarios' del gobierno sacaron sus cartas: que esta vía nunca será una realidad; que todo este esfuerzo será en vano; y que este ingeniero sabe nada de los volcanes, etc. Querían llevar la maquinaria a donde sus bases de votación. Mariano sacó su último As: "que vengan a decir la misma a la cara de las víctimas de la erupción." ¡Nones! A la gente de Mama Tungurahua, que perdieron todo y que están luchando a sobrevivir, ¿quién se atreve a decirles que su vida no vale nada?
Así que empecé de nuevo, ahora con más recursos, para acelerar el trabajo. Esta vez, avanzamos de una quebrada a otra, solamente después de asegurar la primera. Apenas al mes de las inundaciones, logramos abrir el paso para el primer bus de pasajeros.
Otra vez se inundaron, pero ahora los ojos, de la gente mayor de Mama Tungurahua, viendo un bus por la autopista, ¡después de seis largos años!
Primero llegaron los medios de comunicación, seguidos por los turistas, y después, una por una, retornaron las familias que abandonaron sus caseríos por la erupción. La economía local se recuperó, ahora con un ritmo acelerado, reforzada por su lucha de supervivencia.
Hoy, con la 'Mama' echando fuego de nuevo, haciendo correr su gente hacia los albergues otra vez: ¿hicimos un error, en abrir la vía? ¿en hacer retornar a las familias que se fueron? ¿en hacer retoñar sus sueños de convivir con 'Mama'?
Cortesia de: Los Andes

¿O debemos evacuar toda la gente fuera de una distancia segura? ¿Cuan distancia es 'segura' y qué tan asegurada la 'segura'? La naturaleza ¿debemos mantener vaciada de la gente? ¿Es tal naturaleza 'natural'?

O tal vez, ¿intentamos charlar con la 'Mama'? ¿Intentamos calmarla, diciéndole que no vamos a permitir a ningún yanqui-chupa-medias a hipotecar Ecuador al TLC? Que no vamos a meter otro ladrón a la Presidencia la próxima vez? Que estamos preparándonos lentamente para seguir el paso de Bolivia, o mejor, para liberar toda nuestra Abya-Yala?

Y, hasta mientras Mama, que nos sigue mandando tu rica ceniza volcánica, pero, poquita a la vez.

-Galle, Sri Lanka
Agosto 2, 2006.

 

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